Cannabis en una tumba siberiana de hace unos 2800 años: el hallazgo y el debate sobre las pruebas

- En la tumba de Tunnug-1 se encontraron más de mil semillas de cannabis y cabello humano; la antigüedad de algunas semillas se determinó mediante análisis de radiocarbono.
- Los autores del estudio consideran que el análisis del cabello apunta al consumo de cannabis hace unos 2.800 años, aunque no permite determinar cómo se consumía.
- Los expertos independientes discrepan sobre las pruebas: los críticos contemplan la posibilidad de que el cabello se contaminara desde el exterior, mientras que una partidaria del estudio considera que la metodología está justificada.
Un hallazgo en un antiguo túmulo funerario
En la monumental tumba de Tunnug-1, en el sur de Siberia, los arqueólogos descubrieron semillas de cannabis y cabello humano conservado. Los autores del estudio publicado consideran que el hallazgo podría ser indicio de que la planta se consumía por sus efectos psicoactivos hace al menos 2.800 años. Si esta interpretación es correcta, se trataría de un testimonio unos 300 años anterior a los datos conocidos de la vecina China. Sin embargo, la conclusión de que se consumía cannabis sigue siendo objeto de debate científico.
El complejo Tunnug-1 está situado en el valle de Uyuk, donde se encuentra una de las tumbas monumentales más antiguas asociadas a la cultura material de los escitas. La fuente describe a los escitas como nómadas que emigraron de Asia Central a las regiones meridionales de las actuales Rusia y Ucrania. Por eso, el hallazgo es importante no solo como testimonio del posible uso de la planta: también amplía nuestro conocimiento de las prácticas funerarias de la comunidad que dejó en el túmulo restos humanos, objetos y materiales vegetales.
Las excavaciones del gran túmulo comenzaron en 2017. Los investigadores trabajaron en una zona remota y pasaban allí varios meses, enfrentándose a pantanos, nevadas, heladas y una gran cantidad de mosquitos; la temporada de expediciones se extendía desde la primavera hasta el otoño. Entre los hallazgos había armas, arreos para caballos y objetos con representaciones de animales en el estilo característico de los escitas. En ese contexto, los pequeños puntos negros pudieron parecer insignificantes al principio, pero resultaron ser semillas de cannabis.
Qué se sabe sobre las semillas y el cabello
En la tumba se encontraron más de mil semillas, y la antigüedad de algunas de ellas se determinó mediante análisis de radiocarbono. Según Gino Caspari, coautor del estudio, las semillas no llegaron allí por casualidad: fueron depositadas deliberadamente en el enterramiento. Esto permite afirmar que la planta era importante para las personas vinculadas al ritual, pero por sí solo no explica qué función cumplía exactamente. El cannabis podría haber estado relacionado con el consumo, las prácticas agrícolas o las creencias funerarias; las semillas halladas no permiten dar una respuesta concluyente.
El hallazgo es especialmente valioso porque las semillas estaban junto a cabello humano conservado. Según Caspari, es poco frecuente que los arqueólogos encuentren, en un mismo contexto, restos vegetales y tejidos humanos blandos que contienen compuestos activos. Esta combinación permitió a los investigadores analizar el cabello, en lugar de limitarse a constatar la presencia de semillas en la tumba. Sin embargo, la rareza y el valor informativo del contexto arqueológico no resuelven la cuestión de hasta qué punto los resultados del análisis confirman de manera fiable el consumo de cannabis.
Los autores del estudio relacionan los datos obtenidos del cabello con la conclusión de que el cannabis era consumido por personas vinculadas al rito funerario. Sin embargo, Caspari señaló por separado que ahora es imposible determinar cómo se consumía. El estudio no permite establecer si las personas inhalaban el humo o ingerían la planta con los alimentos. Por tanto, la afirmación de que se utilizaba con fines psicoactivos es una interpretación del conjunto de los hallazgos, no una descripción directa de un rito o una forma de consumo concretos documentados por los arqueólogos.
Por qué se cuestionan las conclusiones del estudio
El contexto del hallazgo permite compararlo con información anterior sobre el cannabis, pero no convierte los testimonios escritos en pruebas concluyentes. El artículo menciona los relatos de Heródoto, según los cuales, hacia el año 440 a. C., los habitantes de Asia Central fumaban esta planta. En los últimos años, los arqueólogos también han encontrado semillas en enterramientos de las zonas montañosas de la región. Sin embargo, los investigadores actuales no consideran que los textos antiguos sean una confirmación suficiente sin datos adicionales, y las semillas halladas en una tumba no demuestran por sí solas que la planta se utilizara con fines psicoactivos.
En el estudio participaron especialistas de Alemania, Rusia, Suecia y Suiza; los resultados se publicaron en la revista Science. Los autores combinaron el contexto arqueológico con el análisis del cabello para proponer una explicación más concreta del hallazgo que la simple suposición de que la planta estaba presente en el enterramiento. Este enfoque abre la posibilidad de comprobar antiguos testimonios sobre sustancias mediante restos biológicos. Sin embargo, la interpretación depende de si es posible distinguir los rastros de consumo de los rastros de contacto con cannabis después de la muerte de la persona.
El experto independiente Volker Auwärter, director del departamento de toxicología forense del Centro Médico Universitario de Friburgo, calificó el análisis del cabello de científicamente débil. Considera que los datos disponibles no bastan para concluir que la persona consumiera cannabis. A su juicio, son precisamente los resultados del análisis del cabello los que respaldan las afirmaciones centrales de los autores sobre el consumo de la planta y su finalidad psicoactiva. Por eso, según el crítico, la debilidad de esta parte del estudio afecta no a un detalle secundario, sino a la interpretación principal del hallazgo.
Importancia del hallazgo y preguntas pendientes
Auwärter también señaló una explicación alternativa: las sustancias podrían haber llegado al cabello por una exposición prolongada al cannabis en el enterramiento. En otras palabras, en su opinión, la señal detectada no permite distinguir necesariamente entre el consumo y el contacto externo. El experto considera que, para verificar el resultado, habría sido conveniente recurrir a especialistas en toxicología forense y realizar un análisis de laboratorio. La fuente no informa de que se llevara a cabo esa comprobación adicional, por lo que este sigue siendo uno de los principales interrogantes sobre la base probatoria del estudio.
Elisa Guerra-Doce, de la Universidad de Valladolid, no comparte esta crítica. Señala que el análisis toxicológico del cabello ya se ha utilizado en estudios arqueológicos para detectar rastros de sustancias psicoactivas. A su juicio, el método elegido por los autores ayudó a demostrar que el cannabis no solo estaba presente en la tumba como ofrenda funeraria, sino que también estaba relacionado con las personas que participaron en el ritual. Así pues, los especialistas no discrepan sobre la presencia de semillas y cabello, sino sobre hasta qué punto el análisis los vincula de forma convincente con el consumo.
La interpretación del hallazgo también se ve complicada por el hecho de que el cannabis no se utilizaba únicamente como planta psicoactiva: de las semillas se obtenía aceite y las fibras se empleaban para fabricar tejidos. La colocación intencionada de semillas en la tumba indica su importancia, pero no permite establecer un uso concreto. Siguen sin respuesta las preguntas sobre cómo llegaron los rastros al cabello y sobre la forma de consumo, si es que realmente lo hubo. Por tanto, el estudio amplía la cronología del posible uso del cannabis, pero no zanja el debate sobre lo que ocurrió exactamente en Tunnug-1.
Fuente: UNIAN




