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Celebridades

En Chernóbil, las grajas aprenden de los cuervos a romper nueces

AutorEquipo editorial Hoy, 10:24 0
En Chernóbil, las grajas aprenden de los cuervos a romper nueces
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En breve
  • Los cuervos dejan caer nueces sobre el asfalto, y las ruedas de los coches ayudan a romper la cáscara.
  • Los grajos repiten cada vez más este método, aunque por lo general son más cautelosos y se aventuran con menos frecuencia en la calzada.
  • El investigador destaca la capacidad de aprendizaje de los cuervos, pero advierte que no se puede afirmar categóricamente que una especie sea más inteligente que otra.

Un nuevo método para conseguir alimento en las carreteras de Chernóbil

En Chernóbil, los cuervos utilizan una forma inusual de acceder al interior de una nuez: el ave la recoge con el pico, se eleva en el aire y la deja caer sobre el asfalto. Si la cáscara queda intacta, repite el intento. Así, el ave utiliza una superficie dura en lugar de romper la nuez con el pico. El investigador Serguéi Zhila habló de esta técnica y describió el comportamiento de los cuervos en la zona.

Según Zhila, es aún más eficaz dejar la nuez en la calzada: así, las ruedas de los coches aplastan la cáscara y las aves no tienen que hacerlo por sí mismas. Después, el cuervo debe darse prisa para recoger su alimento antes de que se lo quiten otras aves. La observación muestra cómo el uso de la carretera cambia el proceso mismo de obtención de alimento: el ave no solo deja caer la nuez, sino que también puede aprovechar el paso de los coches.

Cada vez más, como señala el investigador, los grajos se fijan en este método. También empiezan a recoger nueces y a dejarlas caer sobre el asfalto. Sin embargo, según las observaciones de Zhila, los grajos suelen ser más cautelosos que los cuervos y salen con menos frecuencia a la calzada. Por eso, no se trata de una copia completa del comportamiento: ya están aprendiendo este nuevo método, pero no todas las aves lo ponen en práctica de la misma manera ni se acercan a la carretera con la misma disposición.

Cómo aprenden los grajos el método que observan

En otoño, los grajos exploran activamente los céspedes en busca de alimento. Pueden comerse enseguida la nuez que encuentran o guardarla para más tarde, escondiéndola en la tierra o bajo las hojas caídas. Este comportamiento convierte la búsqueda de alimento en una forma de almacenar provisiones: el ave utiliza lo que encuentra no solo como comida inmediata, sino también como un recurso al que podrá volver más adelante. La fuente señala precisamente el otoño como un periodo de búsqueda activa.

No siempre se consigue volver a encontrar los frutos secos escondidos: incluso las propias aves que los ocultaron dejan parte de sus reservas sin utilizar. Esto matiza la imagen del comportamiento de los grajos: almacenar comida no significa que todos los escondites vayan a ser encontrados y consumidos. En conjunto, la búsqueda, la elección entre comer de inmediato o guardar la comida y los intentos de romper la cáscara muestran varias formas de gestionar el alimento descritas por el investigador.

Los cuervos y los grajos pertenecen a la familia de los córvidos, cuyos miembros se distinguen por sus avanzadas capacidades cognitivas. Según Zhila, aprenden de su propia experiencia, recuerdan los lugares donde encontraron comida, resuelven problemas complejos y pueden utilizar objetos para alcanzar un objetivo. Este contexto general ayuda a entender por qué la observación de sus congéneres y el aprendizaje de una nueva forma de obtener alimento no parecen un truco aislado y fortuito, aunque las capacidades de las distintas especies pueden variar.

Reservas, memoria y aprendizaje en los cuervos

Como ejemplo de resolución de problemas, el investigador cita experimentos con córvidos: las aves arrojaban piedrecillas al agua para elevar su nivel y alcanzar el alimento que flotaba en la superficie. Esta acción requiere elegir un medio para cambiar la situación, en lugar de limitarse a agarrar la comida directamente. Zhila considera que observaciones como estas son una prueba de la capacidad de encontrar soluciones novedosas, y no de actuar únicamente por instinto.

Las grajas también son capaces de realizar tareas complejas y, en determinadas circunstancias, de usar herramientas. Zhila también señala su capacidad para aprender observando a otros individuos. La vida en bandadas crea condiciones que permiten a las aves aprender de sus congéneres; la observación de las nueces en Chernóbil concuerda con esa posibilidad. Sin embargo, por sí sola no permite determinar con qué frecuencia se transmite esta técnica ni cuánto tiempo se conservará.

Los cuervos también tienen características sociales: recuerdan bien los rostros humanos y pueden reconocer durante mucho tiempo a las personas que antes los habían amenazado. Además, las aves reaccionan al comportamiento de sus congéneres y emiten señales vocales para advertirles del peligro. En este contexto, los relatos de que los cuervos «se vengan» de las personas tienen fundamento en una reacción social observable, pero no demuestran que las aves sientan venganza como los seres humanos.

Por qué no se puede declarar que una especie es más inteligente que otra

Zhila, por su parte, advierte que no se deben atribuir automáticamente emociones humanas a las aves. Mencionar que los cuervos recuerdan a quienes los han amenazado y que emiten señales de advertencia a sus congéneres ayuda a explicar el origen de las historias sobre la «venganza», pero no permite interpretarlas literalmente. Es importante distinguir entre los comportamientos descritos —la memoria, el reconocimiento y la reacción ante el peligro— y la interpretación humana de sus motivos, que la investigadora considera innecesaria.

No se puede determinar de forma concluyente cuál de las dos especies es más inteligente: los cuervos y las grajas muestran distintas habilidades, y el resultado depende de la tarea concreta y de las condiciones en que se realiza. Zhyla también recuerda que a veces se compara a los córvidos con los primates antropomorfos, aunque conviene tratar esas analogías con cautela. El mero hecho de utilizar una herramienta o resolver una tarea concreta no permite reducir la inteligencia de distintos animales a una única clasificación general.

En los arcenes de Chernóbil, la diferencia se aprecia en conductas concretas: los cuervos emplean un método ya conocido para romper nueces, mientras que los grajos observan e intentan imitarlo. Zhyla admite que, con el tiempo, esta técnica podría volverse habitual para ambas especies, pero por ahora es solo una posibilidad, no un resultado confirmado. La observación no indica que todos los grajos ya hayan aprendido el método ni que vayan a usar la calzada con la misma frecuencia que los cuervos.

Fuente: UNIAN

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