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El café con cafeína se asocia con una menor incidencia de demencia en un estudio de larga duración

AutorEquipo editorial Ayer, 22:23 0
El café con cafeína se asocia con una menor incidencia de demencia en un estudio de larga duración
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En breve
  • Entre quienes consumían más café con cafeína se registraron 141 casos de demencia por cada 100.000 personas al año, frente a 330 entre quienes lo bebían rara vez o no lo bebían.
  • Las asociaciones más favorables se observaron con dos o tres tazas de café o una o dos tazas de té al día; superar esas cantidades no aportaba un beneficio adicional apreciable.
  • El estudio encontró asociaciones, pero no demostró que la cafeína prevenga la demencia; no se especificó el contenido de cafeína del té.

Un seguimiento prolongado relacionó el café con cafeína con indicadores de salud cognitiva

El consumo habitual de café con cafeína se relacionó con una menor incidencia de demencia y con indicadores más favorables de salud cognitiva a medida que envejecían los adultos estadounidenses estudiados. El seguimiento duró hasta 43 años, lo que permitió comparar los hábitos de los participantes con los resultados posteriores durante un largo periodo. Sin embargo, la duración del seguimiento no convierte por sí sola la asociación observada en una prueba de que el café proteja directamente el cerebro.

Los investigadores observaron las asociaciones favorables más marcadas entre quienes tomaban de dos a tres tazas de café con cafeína al día. Los participantes que consumían más café tenían menos probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia que quienes casi no tomaban ese tipo de café o lo evitaban por completo. El informe también señaló que la asociación se mantenía independientemente del riesgo genético de los participantes. Esta observación no significa que la herencia deje de influir en la probabilidad de desarrollar la enfermedad.

La demencia es un conjunto de afecciones que deterioran progresivamente la memoria, el pensamiento, el razonamiento y la capacidad para realizar las tareas cotidianas. La enfermedad de Alzheimer es la causa más frecuente de demencia, pero también pueden provocarla otras enfermedades cerebrales. Los olvidos ocasionales pueden formar parte del envejecimiento, mientras que, en la demencia, las dificultades cognitivas llegan a ser tan graves que interfieren en la vida diaria. Por eso, investigar los hábitos asociados al riesgo es importante para estudiar el envejecimiento.

Diferencia en la frecuencia registrada de demencia

En el grupo de personas que consumían más café con cafeína, los investigadores registraron 141 casos de demencia al año por cada 100 000 personas. Entre quienes rara vez o nunca tomaban esta bebida, la cifra era de 330 casos por cada 100 000 personas al año. Esta comparación muestra una diferencia notable entre los grupos dentro del periodo observado, pero no demuestra que el café la haya causado. Los datos presentados no permiten descartar la influencia de otras diferencias entre los participantes.

Además de los casos de demencia, los investigadores tuvieron en cuenta el deterioro cognitivo subjetivo: la sensación de que la memoria o la capacidad de pensar han empeorado. El 7,8 % de los participantes que consumían más café con cafeína y el 9,5 % de quienes lo tomaban rara vez o no lo tomaban comunicaron estos cambios. Se trata de una valoración personal, no necesariamente de alteraciones confirmadas mediante pruebas cognitivas formales. Estas quejas, por sí solas, no significan que haya demencia.

Las personas con quejas subjetivas pueden notar que les cuesta más recordar información, concentrarse o encontrar las palabras. Estas experiencias no equivalen a un diagnóstico ni confirman automáticamente una enfermedad, pero ayudan a describir cómo perciben los propios participantes los cambios en sus capacidades cognitivas con la edad. La menor proporción de este tipo de informes entre quienes bebían más café con cafeína complementa el panorama general de asociaciones, pero no establece un mecanismo ni la causa de las diferencias.

Las asociaciones más favorables se observaron con un consumo moderado

Al comparar la cantidad de bebida con los resultados, la asociación más favorable para el café se observó con dos o tres tazas al día. Los autores también señalan que consumir más cantidad no se asoció con una protección adicional evidente. Por tanto, los resultados no respaldan la suposición simplista de que cuanto más café, mejores son los indicadores cognitivos. Se trata del rango asociado con los resultados más favorables en el estudio, no de una recomendación demostrada para cada persona.

La relación entre el consumo de café y los indicadores de salud cerebral también se observó en participantes con distintos niveles de riesgo genético de demencia. Por riesgo genético se entiende la influencia de variantes heredables del ADN que pueden aumentar o reducir la probabilidad de determinadas afecciones. Los autores subrayan que la genética es solo una parte de un panorama más amplio que incluye la edad, la salud general y el estilo de vida. Los resultados presentados no permiten concluir que el café neutralice la predisposición hereditaria.

El té también se relacionó con una menor frecuencia de demencia y mejores indicadores cognitivos. Las asociaciones más favorables se observaron en los participantes que bebían de una a dos tazas de té al día; un mayor consumo no mostró beneficios adicionales. Sin embargo, el estudio no distinguió entre el té con cafeína y el descafeinado. Por tanto, los datos sobre el té no permiten determinar si la cafeína influyó en la relación observada o si esta se explica por otras características de la bebida o de los propios participantes.

Una asociación no equivale a una prevención demostrada

La comparación entre el café normal y el descafeinado aportó una pista adicional: se encontraron asociaciones favorables con el café con cafeína, mientras que el descafeinado no mostró los mismos beneficios. La cafeína es un estimulante natural presente, entre otros, en el café y el té; actúa sobre el sistema nervioso central y aumenta temporalmente el estado de alerta y reduce la sensación de fatiga. Pero el efecto a largo plazo de la cafeína en el cerebro es una cuestión aparte que estas observaciones no responden.

La diferencia entre el café normal y el descafeinado convierte el posible papel de la cafeína en un tema que merece seguir estudiándose, pero no demuestra que esta sea precisamente la que explique los resultados. Los datos observacionales también pueden reflejar otras diferencias entre las personas que eligen distintas bebidas. El informe original no aporta información que permita separar el posible efecto de la cafeína de todos los factores asociados. Por tanto, afirmar que el café previene directamente la demencia sería ir más allá de lo que permiten concluir los resultados presentados.

La utilidad práctica del estudio se limita a identificar asociaciones, no a establecer una forma de prevenir la demencia. Los resultados más favorables se observaron con dos o tres tazas de café al día y una o dos de té; consumir más no mostró beneficios adicionales. No se sabe si la asociación entre la cafeína, el té y los resultados cognitivos se debe a un efecto causal o a otras características de los participantes. El informe tampoco ofrece motivos para considerar estos resultados una recomendación médica individual.

Fuente: ScienceDaily

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